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miércoles, 20 de agosto de 2008

Duodécima carta: Se acabó...¿no?

Si es que alguna vez tuvo que empezar. Pero bueno, lo que sí que creo es que se acabó la campaña que comencé hace algún tiempo para intentar convencerte de que merezco la pena. Se ve que tu no quieres darte cuenta, porque yo tengo claro que merezco la pena.

Esta duodécima carta no pretende ser una unidad metafórica mas, no pretende entrar en juego en el pelotón de las demás cartas que van dando rodeos e intentando engañar a la brújula, sino que sigue, simplemente, la dirección de las señales.

Vamos a ser sinceros. Vendo cara mi amistad, pero barato mi corazón. Lo primero se debe al exceso de experiencias, de lo segundo tiene culpa todo lo contrario. ¿Qué quieres que te diga?... mi corazón te lo he regalado, mi amistad no creo que seas capaz de pagarla. Para empezar, ya las has cagado como amiga.

Y bueno, aquí me tienes, tomando una decisión no definitiva, pero tajante. Y muy convencido de haberla tomado. “El mejor de los pecados: el haberte conocido”, de eso estoy seguro, y no me arrepiento, no me carga la conciencia. Y vamos al grano: después de muchas charlas y consejos, decidí que el número “3” era una cifra muy adecuada para un cúmulo de oportunidades que darte. Ya ves que chulo soy, yo detrás tuya y me permito el lujo de poner condiciones… ¿a qué molo?

La primera fue un golpe chocante. No está bien quedar con dos personas a la misma hora del mismo día, y elegir al que mas tardó en citarte. La segunda fue previsible. Una hora no es bastante. La tercera fue definitiva. Porque eres peor que el SAS, que hay que coger cita con mucha antelación. Y luego hay un fallo en tu sistema y borras las citas porque te sale de… dentro.

Ahora has desaparecido de una manera extraña, te habrá tragado algún agujero negro provocado por una estrella fugaz desviada. Quizás eso fuera lo justo y necesario.

Y es que no tengo secretos, soy como un telediario, así me pasa, así lo cuento, pero porque se que los que leen esto me tienen cariño (de 1 a 10, al menos 5). Tampoco creo que deba tener secretos con los amigos.

Cuando comencé escribiendo estas cartas, tampoco pensé en llegar a doce. Al menos me has dado material para el blog. Si es la última, depende de ti, aunque cada vez menos.

lunes, 28 de julio de 2008

Undécima carta: al borde de tu abismo.

Hoy no tengo ganas de hablar, ni de escribir, ni de cantar, ni de comer, ni de dormir. Hoy no tengo ganas de vivir en tu mundo, o en el mío adaptado al tuyo, que es el que últimamente me ocupa. Hoy me encuentro, por primera vez, al borde de tu abismo.

Es la primera vez que me freno en seco y miro atrás, hacia el corto camino que he recorrido. He mirado mis huellas y no me gustan, me veo las pisadas un poco raras, aunque las reconozco perfectamente porque las he visto antes persiguiéndome. En el camino veo un reguero de migajas de ilusión, puestas uniformemente y dejadas con mucho cariño. Veo, algo lejos, una piedra donde recuerdo que descansé, junto a una fuente de agua limpia y cristalina en la que me refresqué durante toda una noche. Recuerdo que al día siguiente todo eran fuerzas y ganas de seguir adelante, pero poco a poco vuelve a ir entrando sed.

Ahora me encuentro sediento, seco. Unos metros atrás había una fuente pero estaba vacía. Junto a ella otra mas, pero dentro vivía una serpiente muy venenosa, por lo que no me arriesgué. No compensa beber agua para vivir si a cambio te inyectan un veneno mortífero que hace posible que el cuerpo y el alma se autodestruyan… no conviene.

El camino transcurre paralelo a tu abismo, a la derecha, y a un jardín florido, a la izquierda. Me gustaría vivir en el jardín, pero poco a poco el camino va inclinándose hacia el lado derecho haciendo que el caminar se tambalee de una manera sucia y peligrosa. Cuando tienes fuerzas, se camina hacia delante. Cuando uno no tiene fuerzas, va acercándose cada vez mas al abismo, a tu abismo.

Si no cuidas mi camino, el próximo paso puede llevarme al fondo de tu abismo.

lunes, 21 de julio de 2008

Décima carta: en mi despertar.

Esta mañana tuve una revelación. No se ni cómo ni porqué, pero lo primero que pensé al despertarme (después de ver que tenía la mano dormida) fue en ti. Era una sensación extraña porque me agradó la idea de tener en mi mente tu rostro en los primeros compases del día, pero luego me acordé en la profunda tensión y nerviosismo que me proporcionas. Imagina como he pasado el resto del día.

No había movido ni un dedo de alguno de mis dos pies, cuando ya te había hecho ver que nada mas despertar me había acordado de ti.

Esta tarde escuché una frase que me impactó, y que vino al cuento en todos sus sentidos: “Cada vez que me despierto, pienso en ti. Esto significa una de las dos cosas siguientes: o me correspondes y me siento el mas afortunado del mundo por tener esa maravillosa sensación, o pasas de mi y entonces, querida amiga, estoy bastante jodido”.

Entendí perfectamente a quién lo dijo y sentí un escalofrío al verme mas jodido que maravillado. Luego la defensa activa de mi mente inició un escudo de energía verde que protegió mi mundo de los disparos paranoicos que procedían del interior.

Con esto solo quería expresarte como me he sentido hoy, como me he sentido en un día en el que he bebido de tu ausencia mas absoluta, de tu invisibilidad, de tu desaparición del mundo en el que habito. Con esto solo quiero cantarle a una pared, rezarle a un pagano y pedirle al sol que meta el agua en la nevera para que se enfríe. Quizás me esté volviendo loco de tanto pensar… un loco racional en la cola de irracionalidades, mientras la funcionaria de la ventanilla se lima las uñas, toma un café y le cuenta a su amiga por teléfono como se ligó anoche a su vecino del cuarto.

En fin, que me lío y no acabo. A ver si me despiertas con un poco mas de cariño cada mañana porque hoy ha sido un shock bastante gordo. A ver si me despiertas de esta pesadilla en la que vivo, a ver si al abrir los ojos te veo dormir. A ver si dejo de decir tonterías de una vez.

sábado, 12 de julio de 2008

Novena carta: novena puerta.

Hoy, sinceramente, es un día frío. Es un día formado de varios días, pero todos fríos.

Me acosté en la cama pensando en el infierno que es vivir así. Cuando se me antojó apetecible, decidí salir a dar un paseo al cielo, a buscarte y darte candela. No se tu, pero yo tenía un calor agobiante. Te miré, me miraste, saltaron chispas apagadas.

El mundo de la chispa es apasionante. Para que se produzca una pequeña llama, las dos chispas que chocan deben ser del mismo color, es decir, no vale que una sea blanca y la otra negra porque solo producen humo, humo hipócrita, humo desleal, un humo de sonrisas forzadas por delante, y lágrimas por detrás.

Hablamos de abrazos, de corazones, de por vida,…, gracias, de nada, hasta luego,… pienso en ti.

No era un buen momento ni un buen día para hacer arder el cielo porque las nubes que pasaban por allí cargaban gotas de lágrimas para llorar sobre el mundo. Últimamente hacía buen tiempo pero hoy, precisamente hoy, tocaba llover.

Lo malo de la lluvia es que te mojas. Lo malo de mojarte es que te calas. Lo malo de calarse es que te llega hasta el fondo. Por eso busqué cobijo, primero en ti y luego contigo, pero al llamar no contestó nadie y tuve que mojarme bajo el quicio de la puerta, cerrada, tabicada, aunque insistas en convencerme de que me dejas una rendija abierta por si las moscas.

Gracias a dios, hace sol ahí afuera y se evaporan pronto las lágrimas. Menos mal que la antorcha no se ha apagado aun y puedo volver al infierno con la cabeza bien alta, pero te juro que un día, el más o el menos pensado, le meto fuego al cielo y nos quemamos tu y yo en el infierno mas celestial, aunque me pegue ocho veces con una puerta cerrada y consiga al fin entrar a tu corazón cruzando la novena puerta.

viernes, 4 de julio de 2008

Octava carta: a la octava maravilla

Ni vacío ni cuevas ni nada por el estilo. Ya veo el sol, lo que pasa es que alumbra demasiado para mi gusto, me provoca una ceguera muy extraña en la que veo cosas. Esas cosas duelen.

Estuve unas horas soñando que me sentaba contigo, que charlábamos, que nos reíamos. Soñé que te caí bien, que me gustabas, que te gustaba. Estuve soñando con tocar tu piel y tu pelo sedoso. Estuve soñando…

Dormir no es soñar. Soñar no es vivir. Vivir es duro de esta manera.

Cuando caí de nuevo dormido, tuve una pesadilla. Ya sabía yo que podía tenerlas, la estaba esperando, pero era tan real que me dolía demasiado. Primero soñé que te llamaba y que todo era diferente. Luego soñé que te despedías de mi risueña, como si disfrutaras diciéndome adiós. Al final, tuve que exiliarme de mi país, tuve que cruzar unas fronteras que ya había cruzado otras veces. Todo esto es por mi bien… consuelo de tontos, o de listos, quién sabe.

El día mas largo de la historia escribía sus líneas con tinta de desesperación sobre una hoja de ocupaciones mas forzadas que deseadas. No voy a decir que no me sirvieran, me sirvieron y mucho, pero al final se queda esa cara de tonto, la cara del último en enterarse de todo, la cara del que sale del cine sin entender el argumento del Sexto Sentido. Como estar jugándose una final de un mundial en los penaltis y dar la espalda al campo para no verlo… es absurdo.

Seguro que hoy has sido feliz, provocando mi desgracia mas profunda. Ayer te quise, hoy te odio, mañana deseo quererte desde la distancia. Solo tu pordiosero destino te contará el final de esta historia.

Y encima me haces escribirte una carta con un título que nada tiene que ver con lo demás.

lunes, 23 de junio de 2008

Séptima carta: séptimo cielo.

O parecido.

Estaba jugueteando con un reloj de arena al que le pesaba mas el culo que la cabeza, viendo como caían los pocos granos que quedaban arriba. Se amontonaban impacientes en el estrecho del embudo, deseando caer hacia la parte de abajo, conspirando para que mis lágrimas de esperanza se convirtieran en ácido que me derritieran.

Era al mediodía y seguía en mi vacío hablando con mi eco, esperando que alguna vez dijera algo distinto a lo que yo decía, pero el seguía en su idea fija.

Un susurro… Silencio. Me escuchaba los latidos del corazón resoplar con fuerza en mis tímpanos mientras mi pensamiento se distraía intentando acallar esa única perturbación. Luego pude oírlo, y me sonó a gloria, me sentí en el séptimo cielo, en lo mas alto de una pirámide de nubes que sostienen un castillo por encima de ellas. Quizás esto significaría que desde la ventana mas alta del torreón iba a salir de un momento a otro una larguísima trenza para permitirme subir. Una trenza de color oscuro y cabellos finos. Veo alguien en la ventana, pero de momento sigue espectante.

Por lo menos ya no me siento tan vacío, ya no siento tanta lejanía porque se que cuando quiera puedo estar ahí y tu aquí, aunque sea en un idioma recortado y muy efímero. No entran ahí todas las cosas que me gustaría contarte que he soñado.

Lánzame la trenza.

lunes, 16 de junio de 2008

Sexta carta: el vacío

Y al final llegó.

No se muy bien donde estoy ni como he llegado. Tampoco se como me las he ingeniado para llegar aquí… bueno esto sí lo se, es lo de siempre, pero el hecho es que aquí estoy.

¿Cómo describir esto? Pues no hay colores, no hay olores, no hay nada que poder tocar, nadie con quién hablar. Pensamientos sí, de esos tengo todos los que quiero y mas, y como son lo único que tengo, se vuelven contra mí, me chantajean de una manera muy cruel.

Llevaba ya un día en este vacío que iba a durar unos cuantos mas cuando se me ocurrió la idea de poder gritar. Un grito puede ser desgarrador, puede asustar a alguien. Normalmente un grito puede ser el anuncio de una muerte o la banda sonora de un sufrimiento. En mi caso, un grito fue la antesala de otro grito. Al menos no estaba solo, me acompañaba mi propio eco, y en cada una de esas repeticiones amortiguadas del sonido mis sentidos se centraron en escuchar que decían, pero hasta ahora siempre han acabado por ser humo.

Por eso estoy pensando en expulsar a mi eco del vacío para poder esperar un sonido de verdad, con su emisor y su receptor, como debe ser, sin que ninguna pared (¿tiene el vacío paredes?) me replique con voz de ultratumba lo mismo que yo acabo de decir.

Durmiendo no se piensan tantas tonterías.

sábado, 14 de junio de 2008

Quinta carta: el sol de un nuevo día.

Porque los milagros existen.

Porque eres una maravilla.

Porque te tengo miedo.

Sabía que tenías alas, que desprendías polvos mágicos y que eras capaz de hacerme pasar del aburrimiento a la máxima concentración. Porque mientras tu hechizas, yo te escribo cartas.

Lo que no sabía era que podías iluminar los caminos mas oscuros e impedir que se reflejaran sombras en las paredes. Las dichosas sombras… y tu las has eliminado de golpe. Primero una y luego la otra, iba viendo brotar tus palabras del manantial de mi esperanza, como saliendo un número tras otro en el sorteo de la tele mientras compruebo, atónito, que son idénticos al de mi boleto. Me falta la serie.

Con tu luz, se por donde camino, se como se mueven los pasillos de una gruta interminable. Ya solo me falta que me cojas de la mano para llevarme hasta la salida y así poder ver como brilla el sol de un nuevo día.

Porque contigo no te tendría miedo. Sin ti, temo que todo vuelva a ser un sueño inútil.

martes, 10 de junio de 2008

Cuarta carta: carta cuarta

Hola 8 Maravilla:

¿Te acuerdas cuando te pedí que me llamaras y me dijiste que lo harías? Pues no lo has hecho aun.

No pasa nada, no tienes porqué darte prisa. Dicen que sin prisa pero sin pausa, así que tu tranquilita, poco a poco, sin parar (pero hazlo ya!!!).

Puedo parecer impaciente, pero no quiero, me sale solo. El problema está en que te he dado mis ojos para que me veas cuando tu quieras y te he prestado mis oídos que, aunque siga teniéndolos yo, solo están espectantes a que suene la combinación secreta… luego los cantos de sirena.

Todo es tan fantasioso y volátil que se me escapa entre los dedos de las manos. Es una sensación agridulce, pues noto que te siento y siento que te escapas. Y aun no ha llegado el vacío. No se para que me dijiste nada.

Se que esta noche soñaré contigo porque, cuando yo duerma, tu estarás despierta y vendrás en un descansito a susurrarme algo, lo que tu quieras. Lo que sea. Con solo ver tus palabras.

¿Por qué no enciendes la luz y borras las sombras?

viernes, 6 de junio de 2008

Tercera carta: una nueva esperanza.

Como en la Guerra de las Galaxias.

Resurgiendo como el Ave Fénix, de las cenizas de la antorcha de mi mano derecha, hoy luce una llama, cándida y luminosa que guía mi camino por nuevos sentidos que espero que me lleven a tu vida.

La 8 Maravilla del mundo espera, aunque mientras se entretenga con otros menesteres, se que espera. Por eso tengo que llegar lo mas pronto posible para que, por mucho que espere, no desespere y sepa que estoy en camino.

Hoy veo el mundo un poco mas claro, con las paredes un poco menos sucias que ayer. Quizás las hayan lavado o a lo mejor directamente el que tenía la vista sucia era yo, y en lavarla me ocupo ahora.

Que sepas que hoy me encantas.

Ayer me regalaron (¡¡gracias!!) una canción que ayer quise asignarte a ti, y permíteme que ponga un trozo del estribillo:

Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones.

Sencillamente genial. Permíteme que hoy solo vea las palabras blancas de esos versos.

jueves, 5 de junio de 2008

Segunda carta: Y bajando...

Veo sombras.

Cuando ando por los oscuros pasadizos de mi “auto entendimiento”, suelo poseer en cada mano una antorcha: una que ilumina y otra que sopla. En mi primera carta hacia ti, te escribía con la mano que eliminaba mi oscuridad. Esta carta se escribe con la otra.

Preferiría no saber escribir con las dos manos, solo con una, la que fuera, por lo menos sabría de que voy y no andaría con estos altibajos que me hacen vomitar en la montaña rusa que eres, pero tu hoy te has empeñado en esto.

Hoy me diste la de cal y la de arena. Nunca entendí esta frase. Se supone que la cal es la parte buena y la arena es la mala, la barata. Sin embargo la cal podría llegar a ser un símbolo de la muerte. Se echa cal encima de los cadáveres para que no decidan anunciar que están muertos por medio de ese olor nauseabundo al que huelo. No me gastes la broma, no me invites a ducharme, lo hago a diario pero el agua no cala bajo mi piel, por lo que la parte sucia, de donde procede el olor, sigue estando sucia y huele mal.

Hoy hemos hablado mucho y lo agradezco al cielo o al karma o a quien corresponda, pero no es justo que entre medias aparezca una frase del tipo “lo siento pero esta el aforo lleno”. No es justo. Te aseguro que no recuerdo nada de lo demás de lo que hemos hablado, solo me resuena esa frase una y otra vez. Para colmo, como la he leído, aparece en mi retina continuamente. No vale cerrar los ojos, seguro que se va a mi cerebro y sueño con ello.

En fin. Yo te prometí mil cartas, así que no sería justo que abandonara a la segunda, aunque ganas no me faltan, pero seguro que la amiga Mañana habla con la amiga Noche y desbancarán a la mala malísima Madrugada que me atormenta y me hace ver todo negro, muy negro desde que mi mano derecha agarra una antorcha medio apagada.

Y lo peor son las sombras.

lunes, 2 de junio de 2008

Primera carta

Querida niña:

Esta pretende ser la primera de las mil y una cartas que espero que recibas en mi nombre. Solo un adelanto: gracias por la idea.

Cuando las olas de tus mareas entraron en mi playa de esa manera tan pausada y nociva, lo único que sentí en mi interior fue una necesidad irrechazable de bañarme, de intoxicarme en las turbias aguas de una nueva historia que tuviera, por fin, un comienzo.

Poco a poco, día a día, esperanza a esperanza, veo tu verde aparecer por el bosque en el que anoche, soñé que me perdía. No estaba preocupado, los árboles me dejaron ver el bosque siempre y cuando fueras tú la que me lo mostrara. Agitaste las alas, desprendiste polvo de ángel y me quedé ciego.

Cuando desperté, solo vi arena y sol, sol y dunas, un espejismo de recuerdos y un sueño por volver a beber de tus palabras, ya fueran escritas o pronunciadas bajo un manto de hechizos que bloquean mi mente hasta tal punto de tenerme atado escribiéndote esta carta.

Es solo un comienzo, espero. No pongas fin a mi ilusión.