viernes, 6 de junio de 2008

Tercera carta: una nueva esperanza.

Como en la Guerra de las Galaxias.

Resurgiendo como el Ave Fénix, de las cenizas de la antorcha de mi mano derecha, hoy luce una llama, cándida y luminosa que guía mi camino por nuevos sentidos que espero que me lleven a tu vida.

La 8 Maravilla del mundo espera, aunque mientras se entretenga con otros menesteres, se que espera. Por eso tengo que llegar lo mas pronto posible para que, por mucho que espere, no desespere y sepa que estoy en camino.

Hoy veo el mundo un poco mas claro, con las paredes un poco menos sucias que ayer. Quizás las hayan lavado o a lo mejor directamente el que tenía la vista sucia era yo, y en lavarla me ocupo ahora.

Que sepas que hoy me encantas.

Ayer me regalaron (¡¡gracias!!) una canción que ayer quise asignarte a ti, y permíteme que ponga un trozo del estribillo:

Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones.

Sencillamente genial. Permíteme que hoy solo vea las palabras blancas de esos versos.

jueves, 5 de junio de 2008

Segunda carta: Y bajando...

Veo sombras.

Cuando ando por los oscuros pasadizos de mi “auto entendimiento”, suelo poseer en cada mano una antorcha: una que ilumina y otra que sopla. En mi primera carta hacia ti, te escribía con la mano que eliminaba mi oscuridad. Esta carta se escribe con la otra.

Preferiría no saber escribir con las dos manos, solo con una, la que fuera, por lo menos sabría de que voy y no andaría con estos altibajos que me hacen vomitar en la montaña rusa que eres, pero tu hoy te has empeñado en esto.

Hoy me diste la de cal y la de arena. Nunca entendí esta frase. Se supone que la cal es la parte buena y la arena es la mala, la barata. Sin embargo la cal podría llegar a ser un símbolo de la muerte. Se echa cal encima de los cadáveres para que no decidan anunciar que están muertos por medio de ese olor nauseabundo al que huelo. No me gastes la broma, no me invites a ducharme, lo hago a diario pero el agua no cala bajo mi piel, por lo que la parte sucia, de donde procede el olor, sigue estando sucia y huele mal.

Hoy hemos hablado mucho y lo agradezco al cielo o al karma o a quien corresponda, pero no es justo que entre medias aparezca una frase del tipo “lo siento pero esta el aforo lleno”. No es justo. Te aseguro que no recuerdo nada de lo demás de lo que hemos hablado, solo me resuena esa frase una y otra vez. Para colmo, como la he leído, aparece en mi retina continuamente. No vale cerrar los ojos, seguro que se va a mi cerebro y sueño con ello.

En fin. Yo te prometí mil cartas, así que no sería justo que abandonara a la segunda, aunque ganas no me faltan, pero seguro que la amiga Mañana habla con la amiga Noche y desbancarán a la mala malísima Madrugada que me atormenta y me hace ver todo negro, muy negro desde que mi mano derecha agarra una antorcha medio apagada.

Y lo peor son las sombras.

lunes, 2 de junio de 2008

Primera carta

Querida niña:

Esta pretende ser la primera de las mil y una cartas que espero que recibas en mi nombre. Solo un adelanto: gracias por la idea.

Cuando las olas de tus mareas entraron en mi playa de esa manera tan pausada y nociva, lo único que sentí en mi interior fue una necesidad irrechazable de bañarme, de intoxicarme en las turbias aguas de una nueva historia que tuviera, por fin, un comienzo.

Poco a poco, día a día, esperanza a esperanza, veo tu verde aparecer por el bosque en el que anoche, soñé que me perdía. No estaba preocupado, los árboles me dejaron ver el bosque siempre y cuando fueras tú la que me lo mostrara. Agitaste las alas, desprendiste polvo de ángel y me quedé ciego.

Cuando desperté, solo vi arena y sol, sol y dunas, un espejismo de recuerdos y un sueño por volver a beber de tus palabras, ya fueran escritas o pronunciadas bajo un manto de hechizos que bloquean mi mente hasta tal punto de tenerme atado escribiéndote esta carta.

Es solo un comienzo, espero. No pongas fin a mi ilusión.

sábado, 3 de mayo de 2008

Te estoy mintiendo

Voy a contarte una trola, una mentira, y no pienses que se me ha ido la bola sino mas bien que pongo en tus manos mi vida.

Donde dije digo, ahora digo nada. Siempre ando buscando un hechizo, siempre creyendo en la magia de las hadas.

Cuando dije “oye”, en realidad quise decir, “mira”. No me leas lo que cuento, cuéntame lo que leo.

Ni contigo ni sin ti… ni en tu ausencia ni al vivir, que son antónimos. Yo prefiero no citarme, aun siendo causante de un texto anónimo, por eso de no enamorarme, que nos vamos conociendo y el que avisa no es traidor, pues el tiempo va tan corriendo que es imposible hablar de amor.

Quise hacer una poesía, pero no estaba inspirado, por eso no me he matado en pensar parábolas ni alegorías. Solo unas palabras escapan de mi, ni se de donde, pero si se que son debidas a ti y no pretenden ser las que se esconden.

Se que la culpa es mía, nunca debí ilusionarme, mas la simple idea de verte besarme, me lía; me asfixia, me propone, me pospone, me acaricia; me hace soñar, me hace temblar, me dice donde, como y cuando… en tus labios, con un beso, como dos niños jugando.


Y ahora voy a decirte la verdad.


Voy a contarte una trola, una mentira, y no pienses que se me ha ido la bola sino mas bien que pongo en tus manos mi vida.

Donde dije digo, ahora digo nada. Siempre ando buscando un hechizo, siempre creyendo en la magia de las hadas.

Cuando dije “oye”, en realidad quise decir, “mira”. No me leas lo que cuento, cuéntame lo que leo.

Ni contigo ni sin ti… ni en tu ausencia ni al vivir, que son antónimos. Yo prefiero no citarme, aun siendo causante de un texto anónimo, por eso de no enamorarme, que nos vamos conociendo y el que avisa no es traidor, pues el tiempo va tan corriendo que es imposible hablar de amor.

Quise hacer una poesía, pero no estaba inspirado, por eso no me he matado en pensar parábolas ni alegorías. Solo unas palabras escapan de mi, ni se de donde, pero si se que son debidas a ti y no pretenden ser las que se esconden.

Se que la culpa es mía, nunca debí ilusionarme, mas la simple idea de verte besarme, me lía; me asfixia, me propone, me pospone, me acaricia; me hace soñar, me hace temblar, me dice donde, como y cuando… en tus labios, con un beso, como dos niños jugando.

jueves, 24 de abril de 2008

Y yo que se... de los blogs

Hace ya tiempo que no publico nada en el blog… en el blog mas leído de la historia de todos los blogs*.

Desde Descartes hasta Jesús Quinteros, la historia del blog ha ido engendrando páginas y páginas de pensamientos, de capturas en momentos de felicidad y amistas, de poesías, de relatos, de chistes,… de mierda en general. El mío es peor aun que todos ellos, eso está claro, y al índice de audiencia me remito. A dios gracias que yo soy el director de mi cadena televisiva y decido cuando un blog debe dejar de existir y cuando no, y este no desaparece porque a servidor no le sale de la punta del catastro.

Cuando empecé con la idea de generar un blog, y recuerdo el momento perfectamente, me sentía como se sienten los que están deseando de llegar a casa y soltar una plasta enorme. La idea me pesaba en la cabeza mientras conducía mi Audi A4 por las calles de Pernambuco con la música de Camarón a todo volumen y las ventanillas bajadas para insistir a mis conciudadanos acerca de la importancia de que todos escucharan la música que yo, de manera unilateral, había elegido.

Como iba diciendo, llegué a casa y me acosté. Pasados varios días en los que solo me acordaba de la idea del blog cuando estaba en la otra punta del mundo o bajo dos pisos de hormigón, sin cobertura en el móvil, y sin una libreta y un lápiz/bolígrafo/portaminas/rotulador/pluma de gaviota/dedo embadurnado de sangre/spray de 1,80€ en Kanito/… conseguí al fin una idea, tan lamentable como un mono cargado de cubatas hechos a base de ron y de refresco de cola (aquí digo cola para quedar de guay y no darle publicidad a Coca Cola) y meando encima de su propio camastro. La idea consistía en escribir todas mis penas, penas producidas siempre por gentes que nunca era yo, por eso de subir mi autoestima y declarar culpables a los demás de todos mis errores y mis cagadas. Y sigo pensando que soy inocente de toda culpa, hasta de haber robado esos modelitos tan monos en el Kiabi mientras las cajeras y el vigilante de seguridad dormían la mona después de invitarlos gentilmente a unos refrescos de naranja (Fanta) aliñaditos con plomo. La persona que me vendió esa mezcla me aseguró que tarde o temprano despertarían, así que mi conciencia está tranquilísima.

Dicen que para escribir, previamente se ha debido leer un millón de libros, así que me dispuse a leer un millón de blogs. Como Google es tan cabrón como para encontrar un millón de blogs, no tuve escapatoria y empecé por el primero que me salió, y no estuvo mal. El segundo me cabreó un poco porque pensé que estaba leyendo otro blog del mismo autor. El tercero igual. El cuarto era una puta mierda, pero el quinto era igual que los tres primeros. Cuando el vigésimo séptimo me pareció del mismo autor, pensé que algo raro pasaba. Un día de verano, como el de hoy (porque ya estoy empezando a acordarme de mi amigo Sebastián (¿Qué pasa?, ¿nadie le pone nombre a su ventilador?)) entró un lechón volando por mi ventana y se posó encima de la tele, hizo un doble salto mortal, se enganchó con su pico en el botón On/Off del trasto de apariencia cuadrada, y lo apagó. Después de la retahíla de insultos que le regalé de manera gentil y continuada durante un largo rato, me mandó a callar dándome una torta que aun me duele, y me dijo: “¿Te acuerdas, pedazo de gilipollas, de cuando leíste los blogs y pensabas que eran todos del mismo autor?” Solo pude responder con un leve movimiento de cabeza… “Pues no es así mariconasso, es que todos los blogs son iguales, no importa quién lo escriba, que seguro que está copiando a alguien”.

Después de media hora de meditación y de repetir una y otra vez lo que ese pajarraco sucio y asqueroso me había dicho sobre los blogs, tuve que desistir e irme a la cocina a buscar un bocadillo hecho a base de pan de molde del Maxi Día y atún del Cantábrico, acompañado de un zumito, que hay que tomar fruta. Al volver, el pájaro seguía en la ventana diciéndome lo tonto que era hasta que, sacudido por un flash en mi cabeza, dije. “Jodeeeeeeeeeer!!!!” El pájaro se sintió orgulloso de haber cumplido con su objetivo, me miró expectante y escuchó: “El atún… ¿de qué animal lo sacan?... ¿es animal o pez?”

Todo lo que recuerdo es que me desperté con un fuerte dolor de cabeza, con olor a atún y con la entrepierna mojada. Cuando pude, me levanté y vi el atún regado por mi ombligo, el zumo en la cuenca torso-frontal de mis pliegues y mi dedo metido en un recipiente con agua tibia (maldito hijo de huevo!!).

Desde aquel día, la visión de un blog me recuerda al pájaro, a su mala leche y a los 19,90€ (20€, vamos) que me cobra mi psicoanalista por hora.

martes, 26 de febrero de 2008

Y al final ya ves...

Yo pensando en tocarte, y al final ya ves.

Yo que pensaba que era posible acariciarte, ¡¡y ya ves!! Aun sigo durmiendo en mi propia historia, la única que alguna vez existió, porque todo lo demás es imaginario. O mejor dicho, tu historia es otra, no coincide con la mía. Y ya van siendo muchos años que es así, aunque tu no eras tu, ni tu piel olía tan bien como la tuya ni tu pelo era tan bonito como el tuyo. ¡Que crueldad!, ¡esto es intolerable!

¿Recuerdas cuando te conocí?... la de veces que te hice reír y la de veces que quise hacerte llorar. Y tu seguías viviendo tu propia vida, de esa manera tan egoísta de la que haces gala con cada sorbo de rosa gramática, con cada cara risueña que se reía de todo, menos de mi. Aunque al final no fuese así.

Y es que esto no podía acabar de otra forma, estaba claro. La mejor forma de matar a alguien que no existe es clavándole una estaca en el corazón, y la mejor forma de acabar con su corazón es estacándolo de la peor manera posible: cuando mas duele.

Yo solo quería morirme de miedo contigo, asustarme cuando mi piel se erizara al rozar la tuya. Tan solo quería eso, no creo que sea pedir tanto, pero cuando se trata de mi, es pedir lo imposible.

Solo rezo para que no seas feliz, para que me extrañes en cada segundo de tu permanentemente conectada existencia, para que esa persona a la que crees querer te haga tanto daño que conmigo te sientas como en el cielo. Ya basta de hipocresía.

Solo quiero estar contigo… y al final ya ves.

viernes, 1 de febrero de 2008

El país de la pantomima

Lo periódico suele ser bueno, porque nunca deja “sabor a poco”, pero hay algunas cosas que no deberían volver a repetirse en determinadas circunstancias.

Una ciudad entera vive por una fiesta y para una fiesta. Allí todo vale, nada queda en un tintero que de vez en cuando se vuelca y lo mancha todo. Todo chiste tiene su límite de gracia y cuando sobrepasa dicho límite, se denomina “insulto”.

¿Por qué se insulta? Para ofender.

¿Por qué una persona puede querer insultar a otra? Pues por mucho motivos, entre ellos la envidia.

La autodeterminación no forma una estructura lo suficientemente consistente como para soportar una población acostumbrada a vivir fácil, a dormir mucho y a hacer un chiste de todo. ¿Y esto es malo? Lo es cuando uno no se toma en serio las cosas que requieren de un toque de seriedad notorio. Todo deriva en un pueblo parado, vago, desdichado y llorón, con unas lágrimas que mojan el papel donde tienen las instrucciones en las que viene detalladamente el “cómo salir adelante”. Pero no interesa esto. Que trabajen otros, que nosotros tenemos bastante con lo que tenemos, que es mucho.

En enero Navidad (¡¡la ciudad mas bonita con su alumbrado!!), en febrero Carnaval (chin tataratachin, la alegría de España), abril para la Semana Santa (¡¡ole mi Cristo!!) y llegamos a lo justo para el verano. ¡Qué mas da que trabajemos o no!, si tengo la playa a dos pasos de mi casa. ¡Qué alegría de estar parado!, así me bajo a la arenita a las doce de la mañana, me vuelvo a casa a las dos para comer y luego a dormir la siesta para coger fuerzas para estar tirado en el paseo con mi litrona y mis colegas. ¡Qúe bonito es ser gaditano! ¡Ole mi Cádiz!

No se hace justicia con Cádiz y su Carnaval, pues debería ser como el de Venecia. Faltan máscaras en Cádiz, faltan esos curiosos y opacos objetos con los que tapar el rostro de una ciudad que a fuerza de desgana está muriendo cada vez mas y naciendo cada vez menos. Una ciudad con influencia en la información, con capacidad para levantar a base de conveniencias a una provincia que solo ellos aman y desprecian, un equipo de fútbol sin carisma al que quieren convertir en una mascota de todos los gaditanos, cañaillas, portuenses, jerezanos, sevillanos, madrileños, valencianos,… porque “quién no quiere al Cádiz no quiere ni a su mare”. Si eso no es egocentrismo que venga quién tenga que venir y me diga “Tu sí que no vales”.

Y yo que quería hablar del Carnaval… De pequeño me hacían gracia las chirigotas, me emocionaban las comparsas y pasaba tres kilos de los cuartetos y los coros. Hoy, con mi medianera edad juvenil, no puedo por mas que despreciar una fiesta payasa que solo hace sentar las bases de una sociedad payasa que busca el aplauso fácil y el aluvión de palmaditas en su espalda. Una espalda que está como nueva de no doblarla para recoger un saco o limpiar un suelo.

¡Ojo!, que quiero dejar muy claro que esto solo es una compensación. Una compensación algo nula porque Canal Sur no me manipula el blog a su antojo a cambio de fama y reconocimiento (hasta dejan que una cadena de televisión les joda la tradicional fiesta por salir en la tele y que la gente les ría las gracias) y porque se que mi blog no lo lee ni el Tato (y no lo comenta ni las lombrices que viven en mi instentino*), pero bueno, tampoco quiero yo caer en esa búsqueda ansiada de reconocimiento porque lo que yo hago es algo totalmente despreciable (en ambos sentidos).

Sin embargo entiendo que Cádiz se divierta en estas fiestas. Siempre hubo un barrio de leproso y una isla donde se llevaban a los afectados, ¿por qué no iba a existir esta ciudad? Al fin y al cabo solo sirve para que una vez al año se convierta en un barreño de orín, botellas y mucha mucha mas mierda de la que suele tener a diario. Yo este año no pienso de ir.

*Esto no debería tomarse al pie de la letra. Es un secreto profesional entre mi médico y yo.