sábado, 14 de junio de 2008

Quinta carta: el sol de un nuevo día.

Porque los milagros existen.

Porque eres una maravilla.

Porque te tengo miedo.

Sabía que tenías alas, que desprendías polvos mágicos y que eras capaz de hacerme pasar del aburrimiento a la máxima concentración. Porque mientras tu hechizas, yo te escribo cartas.

Lo que no sabía era que podías iluminar los caminos mas oscuros e impedir que se reflejaran sombras en las paredes. Las dichosas sombras… y tu las has eliminado de golpe. Primero una y luego la otra, iba viendo brotar tus palabras del manantial de mi esperanza, como saliendo un número tras otro en el sorteo de la tele mientras compruebo, atónito, que son idénticos al de mi boleto. Me falta la serie.

Con tu luz, se por donde camino, se como se mueven los pasillos de una gruta interminable. Ya solo me falta que me cojas de la mano para llevarme hasta la salida y así poder ver como brilla el sol de un nuevo día.

Porque contigo no te tendría miedo. Sin ti, temo que todo vuelva a ser un sueño inútil.

martes, 10 de junio de 2008

Cuarta carta: carta cuarta

Hola 8 Maravilla:

¿Te acuerdas cuando te pedí que me llamaras y me dijiste que lo harías? Pues no lo has hecho aun.

No pasa nada, no tienes porqué darte prisa. Dicen que sin prisa pero sin pausa, así que tu tranquilita, poco a poco, sin parar (pero hazlo ya!!!).

Puedo parecer impaciente, pero no quiero, me sale solo. El problema está en que te he dado mis ojos para que me veas cuando tu quieras y te he prestado mis oídos que, aunque siga teniéndolos yo, solo están espectantes a que suene la combinación secreta… luego los cantos de sirena.

Todo es tan fantasioso y volátil que se me escapa entre los dedos de las manos. Es una sensación agridulce, pues noto que te siento y siento que te escapas. Y aun no ha llegado el vacío. No se para que me dijiste nada.

Se que esta noche soñaré contigo porque, cuando yo duerma, tu estarás despierta y vendrás en un descansito a susurrarme algo, lo que tu quieras. Lo que sea. Con solo ver tus palabras.

¿Por qué no enciendes la luz y borras las sombras?

viernes, 6 de junio de 2008

Tercera carta: una nueva esperanza.

Como en la Guerra de las Galaxias.

Resurgiendo como el Ave Fénix, de las cenizas de la antorcha de mi mano derecha, hoy luce una llama, cándida y luminosa que guía mi camino por nuevos sentidos que espero que me lleven a tu vida.

La 8 Maravilla del mundo espera, aunque mientras se entretenga con otros menesteres, se que espera. Por eso tengo que llegar lo mas pronto posible para que, por mucho que espere, no desespere y sepa que estoy en camino.

Hoy veo el mundo un poco mas claro, con las paredes un poco menos sucias que ayer. Quizás las hayan lavado o a lo mejor directamente el que tenía la vista sucia era yo, y en lavarla me ocupo ahora.

Que sepas que hoy me encantas.

Ayer me regalaron (¡¡gracias!!) una canción que ayer quise asignarte a ti, y permíteme que ponga un trozo del estribillo:

Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones.

Sencillamente genial. Permíteme que hoy solo vea las palabras blancas de esos versos.

jueves, 5 de junio de 2008

Segunda carta: Y bajando...

Veo sombras.

Cuando ando por los oscuros pasadizos de mi “auto entendimiento”, suelo poseer en cada mano una antorcha: una que ilumina y otra que sopla. En mi primera carta hacia ti, te escribía con la mano que eliminaba mi oscuridad. Esta carta se escribe con la otra.

Preferiría no saber escribir con las dos manos, solo con una, la que fuera, por lo menos sabría de que voy y no andaría con estos altibajos que me hacen vomitar en la montaña rusa que eres, pero tu hoy te has empeñado en esto.

Hoy me diste la de cal y la de arena. Nunca entendí esta frase. Se supone que la cal es la parte buena y la arena es la mala, la barata. Sin embargo la cal podría llegar a ser un símbolo de la muerte. Se echa cal encima de los cadáveres para que no decidan anunciar que están muertos por medio de ese olor nauseabundo al que huelo. No me gastes la broma, no me invites a ducharme, lo hago a diario pero el agua no cala bajo mi piel, por lo que la parte sucia, de donde procede el olor, sigue estando sucia y huele mal.

Hoy hemos hablado mucho y lo agradezco al cielo o al karma o a quien corresponda, pero no es justo que entre medias aparezca una frase del tipo “lo siento pero esta el aforo lleno”. No es justo. Te aseguro que no recuerdo nada de lo demás de lo que hemos hablado, solo me resuena esa frase una y otra vez. Para colmo, como la he leído, aparece en mi retina continuamente. No vale cerrar los ojos, seguro que se va a mi cerebro y sueño con ello.

En fin. Yo te prometí mil cartas, así que no sería justo que abandonara a la segunda, aunque ganas no me faltan, pero seguro que la amiga Mañana habla con la amiga Noche y desbancarán a la mala malísima Madrugada que me atormenta y me hace ver todo negro, muy negro desde que mi mano derecha agarra una antorcha medio apagada.

Y lo peor son las sombras.

lunes, 2 de junio de 2008

Primera carta

Querida niña:

Esta pretende ser la primera de las mil y una cartas que espero que recibas en mi nombre. Solo un adelanto: gracias por la idea.

Cuando las olas de tus mareas entraron en mi playa de esa manera tan pausada y nociva, lo único que sentí en mi interior fue una necesidad irrechazable de bañarme, de intoxicarme en las turbias aguas de una nueva historia que tuviera, por fin, un comienzo.

Poco a poco, día a día, esperanza a esperanza, veo tu verde aparecer por el bosque en el que anoche, soñé que me perdía. No estaba preocupado, los árboles me dejaron ver el bosque siempre y cuando fueras tú la que me lo mostrara. Agitaste las alas, desprendiste polvo de ángel y me quedé ciego.

Cuando desperté, solo vi arena y sol, sol y dunas, un espejismo de recuerdos y un sueño por volver a beber de tus palabras, ya fueran escritas o pronunciadas bajo un manto de hechizos que bloquean mi mente hasta tal punto de tenerme atado escribiéndote esta carta.

Es solo un comienzo, espero. No pongas fin a mi ilusión.

sábado, 3 de mayo de 2008

Te estoy mintiendo

Voy a contarte una trola, una mentira, y no pienses que se me ha ido la bola sino mas bien que pongo en tus manos mi vida.

Donde dije digo, ahora digo nada. Siempre ando buscando un hechizo, siempre creyendo en la magia de las hadas.

Cuando dije “oye”, en realidad quise decir, “mira”. No me leas lo que cuento, cuéntame lo que leo.

Ni contigo ni sin ti… ni en tu ausencia ni al vivir, que son antónimos. Yo prefiero no citarme, aun siendo causante de un texto anónimo, por eso de no enamorarme, que nos vamos conociendo y el que avisa no es traidor, pues el tiempo va tan corriendo que es imposible hablar de amor.

Quise hacer una poesía, pero no estaba inspirado, por eso no me he matado en pensar parábolas ni alegorías. Solo unas palabras escapan de mi, ni se de donde, pero si se que son debidas a ti y no pretenden ser las que se esconden.

Se que la culpa es mía, nunca debí ilusionarme, mas la simple idea de verte besarme, me lía; me asfixia, me propone, me pospone, me acaricia; me hace soñar, me hace temblar, me dice donde, como y cuando… en tus labios, con un beso, como dos niños jugando.


Y ahora voy a decirte la verdad.


Voy a contarte una trola, una mentira, y no pienses que se me ha ido la bola sino mas bien que pongo en tus manos mi vida.

Donde dije digo, ahora digo nada. Siempre ando buscando un hechizo, siempre creyendo en la magia de las hadas.

Cuando dije “oye”, en realidad quise decir, “mira”. No me leas lo que cuento, cuéntame lo que leo.

Ni contigo ni sin ti… ni en tu ausencia ni al vivir, que son antónimos. Yo prefiero no citarme, aun siendo causante de un texto anónimo, por eso de no enamorarme, que nos vamos conociendo y el que avisa no es traidor, pues el tiempo va tan corriendo que es imposible hablar de amor.

Quise hacer una poesía, pero no estaba inspirado, por eso no me he matado en pensar parábolas ni alegorías. Solo unas palabras escapan de mi, ni se de donde, pero si se que son debidas a ti y no pretenden ser las que se esconden.

Se que la culpa es mía, nunca debí ilusionarme, mas la simple idea de verte besarme, me lía; me asfixia, me propone, me pospone, me acaricia; me hace soñar, me hace temblar, me dice donde, como y cuando… en tus labios, con un beso, como dos niños jugando.

jueves, 24 de abril de 2008

Y yo que se... de los blogs

Hace ya tiempo que no publico nada en el blog… en el blog mas leído de la historia de todos los blogs*.

Desde Descartes hasta Jesús Quinteros, la historia del blog ha ido engendrando páginas y páginas de pensamientos, de capturas en momentos de felicidad y amistas, de poesías, de relatos, de chistes,… de mierda en general. El mío es peor aun que todos ellos, eso está claro, y al índice de audiencia me remito. A dios gracias que yo soy el director de mi cadena televisiva y decido cuando un blog debe dejar de existir y cuando no, y este no desaparece porque a servidor no le sale de la punta del catastro.

Cuando empecé con la idea de generar un blog, y recuerdo el momento perfectamente, me sentía como se sienten los que están deseando de llegar a casa y soltar una plasta enorme. La idea me pesaba en la cabeza mientras conducía mi Audi A4 por las calles de Pernambuco con la música de Camarón a todo volumen y las ventanillas bajadas para insistir a mis conciudadanos acerca de la importancia de que todos escucharan la música que yo, de manera unilateral, había elegido.

Como iba diciendo, llegué a casa y me acosté. Pasados varios días en los que solo me acordaba de la idea del blog cuando estaba en la otra punta del mundo o bajo dos pisos de hormigón, sin cobertura en el móvil, y sin una libreta y un lápiz/bolígrafo/portaminas/rotulador/pluma de gaviota/dedo embadurnado de sangre/spray de 1,80€ en Kanito/… conseguí al fin una idea, tan lamentable como un mono cargado de cubatas hechos a base de ron y de refresco de cola (aquí digo cola para quedar de guay y no darle publicidad a Coca Cola) y meando encima de su propio camastro. La idea consistía en escribir todas mis penas, penas producidas siempre por gentes que nunca era yo, por eso de subir mi autoestima y declarar culpables a los demás de todos mis errores y mis cagadas. Y sigo pensando que soy inocente de toda culpa, hasta de haber robado esos modelitos tan monos en el Kiabi mientras las cajeras y el vigilante de seguridad dormían la mona después de invitarlos gentilmente a unos refrescos de naranja (Fanta) aliñaditos con plomo. La persona que me vendió esa mezcla me aseguró que tarde o temprano despertarían, así que mi conciencia está tranquilísima.

Dicen que para escribir, previamente se ha debido leer un millón de libros, así que me dispuse a leer un millón de blogs. Como Google es tan cabrón como para encontrar un millón de blogs, no tuve escapatoria y empecé por el primero que me salió, y no estuvo mal. El segundo me cabreó un poco porque pensé que estaba leyendo otro blog del mismo autor. El tercero igual. El cuarto era una puta mierda, pero el quinto era igual que los tres primeros. Cuando el vigésimo séptimo me pareció del mismo autor, pensé que algo raro pasaba. Un día de verano, como el de hoy (porque ya estoy empezando a acordarme de mi amigo Sebastián (¿Qué pasa?, ¿nadie le pone nombre a su ventilador?)) entró un lechón volando por mi ventana y se posó encima de la tele, hizo un doble salto mortal, se enganchó con su pico en el botón On/Off del trasto de apariencia cuadrada, y lo apagó. Después de la retahíla de insultos que le regalé de manera gentil y continuada durante un largo rato, me mandó a callar dándome una torta que aun me duele, y me dijo: “¿Te acuerdas, pedazo de gilipollas, de cuando leíste los blogs y pensabas que eran todos del mismo autor?” Solo pude responder con un leve movimiento de cabeza… “Pues no es así mariconasso, es que todos los blogs son iguales, no importa quién lo escriba, que seguro que está copiando a alguien”.

Después de media hora de meditación y de repetir una y otra vez lo que ese pajarraco sucio y asqueroso me había dicho sobre los blogs, tuve que desistir e irme a la cocina a buscar un bocadillo hecho a base de pan de molde del Maxi Día y atún del Cantábrico, acompañado de un zumito, que hay que tomar fruta. Al volver, el pájaro seguía en la ventana diciéndome lo tonto que era hasta que, sacudido por un flash en mi cabeza, dije. “Jodeeeeeeeeeer!!!!” El pájaro se sintió orgulloso de haber cumplido con su objetivo, me miró expectante y escuchó: “El atún… ¿de qué animal lo sacan?... ¿es animal o pez?”

Todo lo que recuerdo es que me desperté con un fuerte dolor de cabeza, con olor a atún y con la entrepierna mojada. Cuando pude, me levanté y vi el atún regado por mi ombligo, el zumo en la cuenca torso-frontal de mis pliegues y mi dedo metido en un recipiente con agua tibia (maldito hijo de huevo!!).

Desde aquel día, la visión de un blog me recuerda al pájaro, a su mala leche y a los 19,90€ (20€, vamos) que me cobra mi psicoanalista por hora.